DIALÉCTICA DEL DESASTRE

Carlos Delgado

Vetiver Costa Rica

18-08-2012

El desastre es la materialización de un cambio cualitativo y cuantitativo en la realidad social y física, producido por la acumulación de tensiones no resueltas a su interior. Es la dialéctica entre vulnerabilidades y amenazas, contenidas en el mundo social y natural, que en un momento determinado se manifiestan danto un salto cualitativo, constituyendo con ello una situación nueva: el desastre. El desastre establece una contingencia que es caótica, trastornada y que materializa una ruptura; y a partir de ello, se constituye en una nueva cotidianeidad.

Existe un escenario de riesgo, que es un espacio de tensiones contenidas y no resueltas. En un momento determinado, este escenario, producto del desarrollo de las contradicciones internas no resueltas (conflicto entre vulnerabilidades y amenazas) da lugar a un evento, que dada su magnitud, se convierte en desastre. De manera inmediata se crea un nuevo escenario, que es el desastre mismo, con todas las características que lo acompañan: caos, muerte, destrucción, ruptura. Lo cual a su vez constituye nuevas dinámicas sociales, culturales, institucionales, creativas, económicas. Los desastres dinamizan las sociedades y las cambian. Al igual que las grandes crisis económicas, que constituyen nuevas realidades.

Por ejemplo, al suceder un desastre una comunidad desarrolla, aunque sea temporalmente, lazos de solidaridad y vínculos que antes no existían, o se presentaban débilmente. El escenario físico del desastre cambia, surge un nuevo paisaje desolador y una gran destrucción. Con ello en muchos casos se dan desplazamientos de población, que en otros escenarios presionan por servicios, espacio, vivienda, recursos; es decir, las tensiones acumuladas en un espacio social y geográfico determinado, no desaparecen, sino que simplemente se desplazan hacia otros lugares.

Los presupuestos institucionales son impactados severamente, y muchas veces recursos que estaban dispuestos para atender una situación programada, terminan desviándose para paliar los efectos del desastre ocurrido. Para muchas empresas y grupos económicos, esto significa una demanda de sus servicios, y por lo tanto, una oportunidad de generar ganancias. Los hábitos de las personas afectadas y desplazadas por el evento, cambian, como una forma de responder con adaptaciones a las nuevas condiciones sociales, espaciales y económicas que el desastre ha planteado.

Los desastres provocan, o podrían provocar, una reflexión sobre sus causas. Pero esto no garantiza que el evento no se repita. El desastre es la materialización de un cambio; solo que se trata de un cambio que surge del desarrollo automático y espontáneo de las tensiones que están a la base del fenómeno. Para que se pueda reorientar esta dialéctica destructiva, es necesario un tipo de intervención, que se oriente para corregir las tensiones que provoca el desarrollo de las sociedades, que albergan (o producen) la vulnerabilidad y los escenarios de riesgo.

Si se originan desastres al interior de una sociedad, es porque estas contienen contradicciones, que al desplegarse sin que exista una intervención que las corrija, se acumulan en un determinado escenario bajo la forma del riesgo (la sociedad incluye el mundo físico y natural que la soporta). Su desarrollo ulterior, por falta de intervenciones, o por lo insuficiente de estas, deviene en desastre. Así el desastre es la síntesis de una dialéctica social perversa, que genera un cambio, a partir de la destructividad física, económica, social, cultural. Si esta dialéctica no se interviene, el cambio se seguirá produciendo como resultado de la creación y desarrollo de tensiones que no son resueltas de forma consiente por la sociedad, y que desembocan en un estallido, que solo cambia las cosas a partir de un cierto automatismo destructivo. Luego, en este escenario o en otros (por desplazamiento o desarrollo endógeno de contradicciones) el proceso se vuelve a repetir.

Por automatismo destructivo se entiende el desarrollo de contradicciones socialmente originadas, que no son objeto de una intervención consciente, por parte de la sociedad y su respectiva institucionalidad política y civil; y que entonces se despliegan de forma tal, que eclosionan sin que exista control sobre sus efectos y resultados. Dada esta situación lo esperable es que los cambios surgidos de esta manifestación, agraven otros conflictos sociales existentes, y sean ellos mismos causa de inestabilidad y tensión. Es una dialéctica maldita de construcción y profundización del conflicto social, que crea desequilibrios crecientes de todo tipo.

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